Desde el alba de los tiempos
la prístina oscuridad milenaria de la cueva
sólo es turbada
por el azorado respirar del enigma.
Hombre-pájaro
¿Qué fantasmas inquietan tus alas?
¿Qué inmensidades incapturables
te encendían?
Hombre erecto
tu remota vigilia nos alcanza
éxtasis, exaltación, lágrimas
amor y muerte.
Ave fénix
inquietante pulsión trashumante
que nutre la continuidad
del plasma inmortal.
Hombre alado
vivimos en tus sueños
que trasciende los insondables
confines de la muerte.
Conmueve tu arrebato
nos hermana tu miedo conjurado
nos enlaza
el carnal y perpetuo interrogante.
Edith de Muñoz

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