domingo, 3 de junio de 2012

Un tercer piso que tiene cara de segundo piso...


Es un poco excéntrico y  más que obvio que hablo de las edades, no de pisos de apartamentos, pero es algo que nos pasa,  no solo en los que estamos en los 2 pisos, ni para aquellos que tienen  más de la mitad del cuarto piso ganado, sino también para aquellos que aun están en recepción esperando la entrada del segundo escalafón. En la cual estar allí; parece más estar, o mejor dicho, sentirse en un piso menor, no digo que pueda ser malo; no, para nada, es mas resultante de tener un alma mas jovial, algo traviesa y con un poco de esa picardía que suele tener un piso menor.

Pero tampoco es menos cierto que estar en esa circunstancia, suele de una manera u otra, irritar a los demás,  sobre todo para las personas que suelen ser más serias;  y es allí, donde comienzas las señales y las etiquetas;  pero viste a fulanito, pero es que no es tiempo ya para eso, pero que tal míralo. Yo más que nadie no puedo estar en desacuerdo de aquellas etiquetas en las cuales suelen perturbar a los demás,  mucho menos cuanto se trata de cuartar a alguien por su manera de ser, puesto que todos somos diferentes y distintos, no tengo porque prohibirle que cambie su comportamiento porque me molesta;  para una manera en particular, u otra,  cuando más bien me retroalimento de aquello  por lo jovial…
Siempre me he dado a conocer por dar ese consejo, que no siempre suele ser el más bonito en apariencia, pero si es aquel que da en todo el centro del clavo. Y sentimientos como la envidia y los celos  vienen de costales iguales, aprendamos aceptar esa jovialidad de los demás y alimentémonos de ellos, aquellos  que su niño interno siempre  está a flote, y sí, también podemos actuar de asesores en cuanto ese niño pase a ser malcriado, pero no con un castigo, sino con un ok creo que ya eso es no es de ti.

Señores la vida es una sola, y siento que se malgasta con tonterías, lo que hacemos no lo podemos cambiar, por eso hagámoslo bien, y que sea mejor cada vez, para bien. Arrepintámonos de lo que no hicimos, y corrijamos ese error que podemos, la oportunidad es una. 

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